En este post te cuento las mejores cosas que ver en Anja y Ranomafana, dos de las reservas más conocidas del centro de Madagascar.
Y aquí nos metemos de lleno en la recta final de nuestra ruta de 15 días recorriendo Madagascar en 4×4. Te hablaré de la Reserva Comunitaria de Anja y sus lémures de cola anillada (los famosos de la peli). También destriparemos a fondo la selva tropical húmeda del Parque Nacional de Ranomafana, en donde tuvimos un encuentro nocturno muuuy top!
¡Ah! y no te pierdas las stories de Madagascar en mi Instagram y la súper Guía para viajar a Madagascar por libre, ahí te espera un adelanto de lo que verás y un montón de trucos!
Venimos de pasar unos días intensos entre los cañones jurásicos de Isalo y el caos de Ilakaka, así que teníamos ganas de bajar temperaturas. Además, en estas montañas los lémures campan a sus anchas, ¡y nosotros con ellos!
¿Preparad@ para una de las mejores zonas para ver lémures de Madagascar? ¡Vamos al lío!

Esta foto me la hizo mi amigo Fer con IA, ¡pero me gustó tanto que aquí la dejo! jajaja
Tabla de contenidos
Reserva de Anja y los lémures de cola anillada
Si en tu viaje por Madagascar buscas ese momento icónico de cruzarte con el lémur más famoso de todos (el lémur catta o de cola anillada, el mítico Rey Julien de la película), la Reserva Comunitaria de Anja es el lugar del mapa donde tienes que parar sí o sí. Esta pequeña reserva se encuentra a unos 13 kilómetros al sur de Ambalavao y es un ejemplo brutal de cómo la conservación y el turismo local pueden funcionar a la perfección si se hacen las cosas con cabeza.
A diferencia de los grandes parques estatales gestionados por Madagascar National Parks, Anja es una reserva gestionada íntegramente por una asociación de vecinos de la comunidad local (la asociación MITSINJO). En los años 90, esta zona boscosa rodeada de enormes bloques de granito estaba totalmente degradada debido a la tala ilegal y la caza. Los propios locales se dieron cuenta de que proteger su entorno les podía dar de comer gracias a los viajeros, reforestaron el bosque y hoy en día albergan la mayor densidad de lémures de cola anillada de todo el país.
El dinero de tu entrada va directo a financiar escuelas, pozos de agua y los sueldos de los guardas forestales del pueblo. ¿No es genial?

Lémures bien cerquita, ¡como nos gusta!
Tengo que decir que nuestra visita a la Reserva de Anja fue sencillamente brutal. El entorno es precioso, encajado a los pies de unas moles de roca de granito gigantescas conocidas como «los tres hermanos», pero los protagonistas absolutos son los lémures. Nada más adentrarte por los senderos de bosque bajo y sombrío, empiezas a escuchar sus chillidos (o maullidos en esta especie, más bien) y a ver movimiento entre las ramas.
Tuvimos la inmensa suerte de tener a varias familias de lémures de cola anillada muy, muy cerca. Al estar protegidos y no sufrir la amenaza de los cazadores desde hace décadas, están bastante acostumbrados a la presencia humana. No es que estén domesticados (siguen siendo animales 100% salvajes que buscan su propia comida y se mueven en total libertad por las copas de los árboles), pero toleran que te acerques a una distancia prudencial para hacer fotos.
Verlos interactuar entre ellos, saltando de rama en rama y cómo bajan al suelo levantando esa larguísima cola blanca y negra para caminar con chulería es un espectáculo que a mí me gustó muchísimo. Si te mola la fotografía de fauna, en Anja vas a quemar la cámara. ¡Una parada obligatoria en la RN7 que te dejará una sonrisa en la cara para el resto del día!
¿Quieres saber cuánto cuesta viajar a Madagascar? Te lo cuento todo en el artículo de Presupuesto para viajar a Madagascar por libre. ¡No te lo pierdas!

Un poco de historia: El milagro de la comunidad local
Para valorar Anja hay que entender qué pasó aquí hace unas décadas. Como te decía más arriba, a diferencia de los grandes parques estatales de la isla, la reserva de Anja no la gestiona el gobierno. Está en manos de una asociación de vecinos del propio pueblo llamada MITSINJO. En los años 90, esta preciosa zona boscosa estaba totalmente degradada. Sufría una tala ilegal masiva para hacer carbón y una caza furtiva brutal que estaba extinguiendo a los animales.
Los propios locales abrieron los ojos a tiempo: se dieron cuenta de que proteger su entorno les daría de comer gracias a los viajeros. Un lémur vivo en una rama atraía turismo; un lémur muerto no valía nada.
Los vecinos se organizaron con firmeza. Reforestaron todo el bosque bajo, protegieron las fuentes de agua y expulsaron a los cazadores furtivos. Hoy en día albergan la mayor densidad de lémures de cola anillada de todo Madagascar. ¡Es un ejemplo brutal de éxito ecológico mundial!

¿A dónde va el dinero de tu entrada?
Esta es mi parte favorita de la parada en Anja y que creo que merece la pena repetir: El dinero que pagas por tu entrada no se pierde en los despachos ministeriales de la capital. Los ingresos van directos a financiar la escuela primaria de la comunidad local.
Sirven para construir pozos de agua potable en los barrios del pueblo. También dan asistencia médica gratuita a los ancianos de la zona que no tienen recursos. Con ese dinero se pagan los sueldos dignos de los guardas forestales y ojeadores que cuidan el bosque cada día. ¡Es un proyecto de turismo sostenible redondo que da gusto pagar! ¿No sería genial que funcionasen así este tipo de lugares en todo el mundo?

El impresionante entorno geológico de los tres hermanos
El paisaje físico que envuelve la reserva es una auténtica pasada. El bosque crece encajado a los pies de unas moles de piedra de granito verticales gigantescas. Los locales conocen a estas formaciones rocosas como los tres hermanos. Las paredes de piedra desnuda contrastan fuertemente con el verde de la vegetación baja. Sin embargo, te aseguro que en cuanto pones un pie en los senderos sombríos te olvidas de las rocas.
Además, el lago con nenúfares da un toque “fresco” a tanto color rojizo y los lémures rematan el escenario con sus colas negras y blancas. ¡Brutal!

El debate del turismo en este tramo de la RN7
Haciendo un balance sincero de esta parte de la ruta por la carretera central, hay un detalle del que te percatas en cuanto pisas tanto Isalo como la zona de Anja. Esta franja de Madagascar se nota que es bastante más turística que el resto de regiones que veníamos cruzando en días anteriores. Las infraestructuras de los lodges son mejores, los accesos a los parques están mucho más señalizados y el flujo de grupos de viajeros y furgonetas en las entradas es algo más constante.
Quizás por esta misma razón, porque pierde un poco ese aire de aislamiento salvaje e indómito que tanto nos flipó en el descenso del río Tsiribihina o en las pistas infernales hacia los Tsingy, a nosotros esta zona nos gustó un pelín menos que el resto de Madagascar. Ojo, los paisajes de Isalo son de otro planeta y el encuentro con los lémures en Anja es insuperable, pero si eres de los que prefiere la aventura ruda y sentirte el único occidental en 100 kilómetros a la redonda, aquí el chip cambia un poco.
Aun así, insisto, ¡son paradas imprescindibles que completan el puzle de contrastes de la isla continente!

Lémures a pocos centímetros, lo mejor de Anja
Tengo que reconocer que la visita a la Reserva de Anja fue una de las experiencias más divertidas de la ruta. El acceso es sencillo y no requiere grandes caminatas exigentes. Nada más adentrarte en el bosque empiezas a escuchar unos ruidos rarísimos que resuenan por todo el bosque.
El peculiar sonido que te da la bienvenida
Los chillidos de esta especie no se parecen al resto de primates. Recuerdan muchísimo al maullido de un gato o al llanto de un bebé humano. Son las señales acústicas que usan las familias para mantenerse unidas y avisar de cualquier peligro. Estos lémures han perdido por completo el miedo reverencial al ser humano. Llevan décadas protegidos por los vecinos del pueblo y no sufren agresiones!
Ojo, quiero dejar esto muy claro para que no haya malentendidos: no están domesticados en absoluto. Siguen siendo animales 100% salvajes. Buscan su propia comida en el bosque, pelean por el territorio y se reproducen en total libertad. Simplemente toleran que te acerques a una distancia prudencial si eres respetuoso y guardas silencio durante el recorrido.

El espectáculo de verlos caminar por el suelo
Tuvimos la inmensa suerte de toparnos con varias familias completas moviéndose por la tierra. Bajaban de las copas de los árboles para desplazarse de un sector del bosque a otro cruzando el sendero. Es brutal ver cómo interactúan entre ellos a ras de suelo.
Los adultos caminan por la arena levantando esa larguísima cola con anillos blancos y negros. Lo hacen con una chulería y un balanceo increíbles que te hacen sonreír al momento.

El paraíso definitivo para hacer fotos de lémures
Si te mola la fotografía de fauna salvaje, en Anja vas a disfrutar como un niño pequeño. Los lémures saltan de roca en roca a escasos metros de tu posición. Juegan entre las ramas bajas pasándose tu presencia por el forro. Se quedan quietos mirándote fijamente con esos ojos saltones de color ámbar tan expresivos.
En resumen; es el sitio ideal de Madagascar para conseguir retratos limpios de fauna sin necesidad de llevar teleobjetivos gigantescos de nivel profesional. ¡Te vas a ir de aquí con la memoria del teléfono echando humo!

El Parque Nacional de Ranomafana: Selva brumosa y humedad
Dejando atrás las llanuras secas de Ambalavao y el granito de Anja, la carretera se vuelve a retorcer entre montañas. Cambiamos radicalmente de escenario que es el polo opuesto del sur: Ranomafana. Pasamos en un par de horas del secarral a una selva tropical húmeda muy interesante!
El paisaje aquí está envuelto en una neblina densa y constante. Hay lianas infinitas y musgo tapizando cada rincón de la montaña. La humedad en este valle es una auténtica salvajada!
Ranomafana es una de las áreas protegidas más famosas, estudiadas y accesibles de todo Madagascar. Casi cualquier itinerario cerrado por la carretera RN7 incluye este parque en sus etapas. El parque debe su creación al descubrimiento de una especie de lémur que se creía extinta. Esto transformó el valle en un centro mundial de investigación científica.
Sin embargo, nuestra experiencia real nos dejó un sabor de boca peculiar. Te lo voy a desglosar al detalle para que decidas si te merece la pena incluirlo en tus días en Madagascar!
La caminata nocturna en Ranomafana
Nuestra primera toma de contacto real con la fauna de Ranomafana no fue bajo el sol. Decidimos hacer una caminata nocturna por los márgenes exteriores de la reserva al caer la tarde. La selva se transforma por completo a nivel sonoro cuando se esconde el sol. Además, se activa toda esa fauna diminuta y misteriosa que permanece oculta durante el día!
El ojo biónico de los guías locales
Equipados con linternas y frontales, la caminata por el arcén de la carretera nos regaló un buen subidón. El éxito de estas salidas nocturnas depende al 100% de la habilidad de tu guía, porque nosotros no fuimos capaces de ver ni un solo camaleón de los más de 20 que vimos! Jaja
El nuestro demostró tener un auténtico ojo biónico. Iba escaneando cada hoja de los helechos mientras nosotros solo veíamos oscuridad. Gracias a su experiencia pudimos ver varios camaleones diminutos, otros más grandes con unos colores verdes increíbles!

Cara a cara con una serpiente en la oscuridad
Pero el momento de verdadera suerte de la noche llegó a mitad del recorrido. El guía se detuvo en seco y apuntó con su frontal hacia una rama baja situada a un metro de altura del suelo. Allí se encontraba una serpiente bastante grande moviéndose de forma sigilosa que siguió su rumbo hasta bajar a escasos centímetros de nosotros.
En Madagascar tienes la inmensa tranquilidad de que ninguna serpiente es venenosa para el ser humano, así que pudimos disfrutar un buen rato de ella bien cerca. Se convirtió, de lejos, en la anécdota más TOP y auténtica de la noche!

Ranomafana de día: En busca del lémur bambú dorado
Al día siguiente nos despertamos antes de que amaneciera. Nos calzamos las zapatillas de trekking y nos adentramos en el corazón del parque nacional.
El sendero en sí no es que tenga pasos de escalada difíciles o desniveles inhumanos. Sin embargo, si pillas un día de lluvia, las condiciones del terreno lo hacen bastante incómodo para caminar. Al ser una selva lluviosa, el barro es una constante inevitable en el camino. Tienes que ir con mucho cuidado entre raíces gigantescas resbaladizas y subidas empinadas. Un despiste y es facilísimo pegar un resbalón para acabar con el culo en el lodo!
El misterio del lémur que come cianuro
El gran objetivo de la jornada era localizar al esquivo lémur bambú dorado. Se trata de una especie endémica brutal que está en serio peligro de extinción. Lo más sorprendente de este pequeño lémur es su loca dieta alimenticia.
Se alimenta casi exclusivamente de los brotes tiernos del bambú gigante de la zona. La peculiaridad es que estos brotes contienen unas dosis altísimas de cianuro. Es una cantidad de veneno que mataría de forma fulminante a cualquier otro mamífero del planeta. Sin embargo, el organismo de este lémur ha evolucionado para procesar y filtrar el veneno en su sistema digestivo como si nada. ¿No es una pasada?!

El encuentro en lo alto del cañaveral
Gracias al rastreo incansable de los ojeadores locales, pudimos localizarlos en su salsa. Estaban en lo alto de un espeso bosque de bambú gigante. Disfrutamos un buen rato viendo cómo pelaban las cañas con los dientes para comer en total libertad sobre nuestras cabezas.
Además del lémur dorado, durante las horas de caminata nos cruzamos con lémures de frente roja y lémures de vientre rojo. Saltaban haciendo acrobacias imposibles entre las copas de los árboles gigantescos.

Mi opinión sincera sobre Ranomafana: ¿Merece tanto la pena?
A pesar de haber cumplido con creces los avistamientos de fauna, de haber visto a la serpiente en la nocturna y de tener frente a nosotros a los lémures dorados en peligro de extinción, tengo que ser completamente honesto contigo: Ranomafana no nos encantó tanto como otros parques de Madagascar.
Sé que es uno de los pesos pesados de cualquier guía de viajes y que tiene una fama mundial tremenda, pero a nosotros nos dejó una sensación un poco más fría comparado con la magia que vivimos en los días anteriores.
Quizás el motivo principal de que no nos impactara tanto fue el momento de la ruta en el que cayó este parque. Ranomafana estaba situado prácticamente en el tramo final de nuestra ruta de 15 días recorriendo Madagascar en 4×4. Para cuando llegamos aquí, ya llevábamos dos semanas acumulando experiencias salvajes brutales en rincones del país que nos habían volado la cabeza: habíamos escuchado el canto sobrecogedor del Indri-Indri en mitad de la niebla de Andasibe, habíamos caminado colgados de un arnés por las agujas jurásicas del Gran Tsingy y habíamos navegado el río Tsiribihina totalmente solos. Habíamos visto ya muchísimas cosas y el listón de la aventura estaba increíblemente alto, ¡por lo que la selva de Ranomafana se nos hizo un pelín más monótona!
Las termas de Ranomafana
Para rematar la jornada de selva y desengrasar las piernas tras la caminata por el barro, decidimos acercarnos a conocer el reclamo que da nombre al propio pueblo. Ranomafana significa literalmente «agua caliente» en lengua malgache, haciendo referencia directa a las fuentes termales de origen sulfuroso que brotan de forma natural en mitad del valle debido a la antigua actividad volcánica de la región.
Hoy en día, estas aguas están canalizadas en un complejo público gestionado por la comunidad local. No te esperes para nada un spa de lujo con masajes y música relajante; se trata de una instalación ruda y muy básica que funciona como el principal centro de reunión social para la gente del pueblo.
Darse un chapuzón en estas aguas calientes tiene un coste de 10.000 ariarys (lo que al cambio actual viene a ser apenas 2€). Es una actividad barata y un punto curioso si te sobra algo de tiempo en el pueblo, pero tiene una norma de acceso de lo más surrealista que da bastante pereza: hay que llevar gorro de piscina. Da igual que tengas el pelo largo, corto o que vayas completamente rapado; para poder meter un solo pie en el agua de la piscina caliente te obligaban a ponerte gorro de baño sí o sí.

De vuelta a la capital: El cierre de la ruta!
Nuestra aventura por las selvas, cañones y reservas comunitarias de las Tierras Altas llegó a su fin con las mochilas cargadas de ropa sucia y el iPhone hasta arriba de lémures. Tras quitarnos el barro de Ranomafana y exprimir las últimas horas del valle, nos subimos por última vez al 4×4 con Rivo y Fetny para deshacer el camino de la gran arteria malgache rumbo al norte.
¿Quieres saber cuánto cuesta viajar a Madagascar? Te lo cuento todo en el artículo de Presupuesto para viajar a Madagascar por libre. ¡No te lo pierdas!
Para que el trayecto de vuelta no fuera una paliza insufrible de un solo tirón hasta la capital, dividimos el regreso en dos etapas perfectas:
- Parada técnica en Antsirabe: Conducimos de vuelta por las carreteras de curvas de la RN7 hasta llegar a Antsirabe, la ciudad colonial de los pousse-pousse que ya habíamos visitado al inicio del viaje. Pasamos allí la noche, aprovechando para cenar una raclette tranquilos, descansar la espalda de tanto bache y rememorar las batallitas de la ruta.
- Rumbo al aeropuerto: Al día siguiente, madrugamos para afrontar el último tramo de carretera hacia Antananarivo, yendo directos al aeropuerto de Ivato para coger el vuelo internacional de vuelta a casa.

Madagascar nos devolvió a la civilización reventados de baches, polvo y madrugones, pero con la sensación de haber vivido una de los viajes más brutales y reales de los últimos años sin lugar a dudas!
Si quieres ver cómo cuadramos los días y los tiempos reales de carretera, no olvides revisar nuestro Itinerario de 15 días por Madagascar en 4×4. ¡Ahí tienes toda nuestra ruta bien masticada paso a paso y sin filtros!
¡Y no dejes de echar un ojo a los stories de Madagascar en mi Instagram y a nuestra Guía para viajar a Madagascar por libre para entender cómo funciona el país y no dejarte nada en los preparativos!
¡Que disfrutes mucho de los lémures y de esta zona tan única!















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